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Wednesday, 26 April 2017
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El fallecimiento de uno de los líderes más respetados de la izquierda en Colombia, deja no solo una vacío en esa colectividad sino que significa el fin de un capítulo para el progresismo en el país.

 

                       

 

 

 

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Mauricio Jaramillo-Jassir

Politólogo

Profesor de la Universidad del Rosario y de la Escuela Superior de Guerra, en Bogotá Colombia

 





En las últimas décadas, la izquierda había aparecido fragmentada en buena medida, porque no ha habido una sola interpretación sobre la postura a asumir frente al gobierno en el tema de la paz, el acercamiento con otros sectores, o simplemente por enemistades que han surgido en el seno de algunas colectividades de esa filiación.

Gaviria le imprimió a la izquierda colombiana una vocación profundamente humanista, que terminó de confirmar la ruptura de la izquierda democrática con la armada alejada de esos principios, pues no existe ninguna forma más directa de contradecir el humanismo que poniendo al ser humano como instrumento. El desprecio por la vida que durante décadas y especialmente en los noventa comprobaron las guerrillas, solo demuestra la incompatibilidad entre lo expuesto por el ex magistrado Carlos Gaviria y la denominada combinación de las formas de lucha.

Ahora bien, el legado de Carlos Gaviria sobrepasa a la izquierda y se inscribe más bien en un ideario que reivindica una titularidad de derechos, que durante décadas millones de colombianos no han ejercido en parte por la precariedad del Estado, la crudeza del conflicto, y en buena medida valga reconocerlo, por una profunda convicción conservadora que ha impedido una inclusión catalogable como universal. Aunque gracias a la labor de Gaviria se avanzó en temas como la eutanasia y el aborto, es indudable que aún existen serias amenazas contra la promoción del pleno goce de derechos de algunas comunidades que siguen sufriendo la discriminación. Sobresale en este panorama la Procuraduría, enemiga de conquistas sociales de la Constitución de 1991, y de algunas sentencias de la Corte Constitucional.

A pesar de que la vigencia de las ideas de Carlos Gaviria parezca indiscutible, la Colombia de hoy atrapada en la polarización, parece desconocer los avances que se habían logrado. Recientemente y a propósito del debate sobre la adopción por parte de parejas del mismo sexo, salieron a relucir posturas claramente discriminatorias que incluso se escudaban en la ciencia, para justificar lo que en el siglo XXI es inexcusable como considerar la homosexualidad como enfermedad. Se trata de una apología a la discriminación que no debe tener cabida en una Universidad encargada de formar jóvenes para que sean tolerantes, en una sociedad que durante décadas ha solucionado sus problemas con dogmas.

La muerte de Gaviria, trágica como todas, invita a la reflexión sobre la intolerancia como instrumento

político de la izquierda y de la derecha, y que sigue haciendo un profundo daño a generaciones que no

conocen ninguna posibilidad de convivencia.

 

       

 

 

 

 

 

La Junta Directiva del Banco de la República de Colombia se encuentra en una encrucijada bien compleja de dilucidar. 

 

 

 

  

 

 

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Gonzalo Palau Rivas

Economista

Profesor de la Universidad del Rosario, Bogotá Colombia








 

 

La coyuntura por la que está atravesando la economía no es fácil de definir y por lo tanto no existe la claridad necesaria para la toma de decisiones correctas y apropiadas en materia económica.

De una parte es de público conocimiento que la economía colombiana fue tal vez la de mejor desempeño en toda América Latina a lo largo del año 2014, con excepción únicamente de la de Panamá, pero hay que reconocer que la situación económica de este último país es y ha sido totalmente atípica por razones históricas y geográficas que no es necesario traer a colación en este momento. La sola obra de ampliación del canal interoceánico es algo de gran impacto pero que solo se puede dar en este país.

Para Colombia, el resultado final del 2014 arroja un crecimiento real del PIB del 4.6%, que seguramente genera envidia a nivel del resto de los países de la región. Sin embargo, una historia es lo que ya ocurrió y otra historia es lo que está por venir. Al descomponer por trimestres el crecimiento total en el año, se observa una fuerte desaceleración en el tercer trimestre y especialmente en el cuarto período. De haberse sostenido la tendencia de la primera mitad del año, seguramente el crecimiento total hubiese estado por encima del cinco por ciento, tal como lo tenía previsto el gobierno en sus pronósticos iniciales.

La tremenda caída del precio internacional del petróleo y de otros productos mineros, de los cuales deriva su mayor impulso la economía colombiana, dio al traste con las expectativas favorables a comienzos de año. Sin embargo, lo más preocupante está en el hecho indiscutible que esas perspectivas son ahora mucho más negativas para el año de 2015, que acaba de comenzar. Mientras el gobierno nacional, según testimonios y declaraciones públicas del ministro de Hacienda se aferra casi más por orgullo que por convicción, a un crecimiento entre el 4.3% y el 4.5%, el mismísimo Banco Central ya se bajó de esa nube y sorprendió a la opinión pública en el mes de febrero cuando se atrevió a vaticinar un crecimiento de apenas del 3.6%, en el mejor de los casos.

Proviniendo esta perspectiva de fuente tan autorizada como el Banco Central, el efecto en cascada sobre otros actores que permanentemente están mirando y consultando la famosa “bolita de cristal” no se hizo esperar. Los más pesimistas, o como se suele decir los mejor informados, ya han salido a prever tasas de crecimiento por debajo del 3.0%, cifra absolutamente inaceptable para un país con tantas necesidades sociales por atender y satisfacer. En el marco de este nuevo escenario, el Banco de la República suspendió desde agosto la tendencia a subir su tasa de interés pues dejó de tener validez el principio según el cual, la economía había llegado al tope de su crecimiento natural sin generar presiones inflacionarias. Por el contrario, ya se escuchan voces autorizadas que claman y solicitan que el Banco revierta su postura y retome la senda de disminuciones en la tasa de interés con el fin de estimular el aparato productivo e impulsar el crecimiento.

El problema para tomar esta decisión es que la inflación, que en los últimos cinco años había estado totalmente bajo control llegando a ser el mayor logro de política económica, está mostrando síntomas inequívocos de recrudecimiento hasta llegar a colocarse por encima de la meta del 4.0% anual, establecida desde un principio por la autoridad monetaria.

Que la inflación se reavive un una coyuntura de crecimiento acelerado tiene cierta lógica y es ahí cuando un banco central debe poner freno a través de instrumentos de contracción monetaria (básicamente alzas en la tasa de interés). Pero que el resurgir de la inflación se dé en un entorno de desaceleración y es6tancamiento como el ya comentado en la segunda mitad del 2014, es algo hasta cierto punto paradójico y que deja a la autoridad monetaria en el peor de los mundos. Para reactivar la economía debería bajar la tasa de interés pero para apagar el hervor de la inflación, debería decidir lo contrario. Europa y Japón no han tenido problema alguno con aplicar política monetaria expansiva con inflaciones del cero por ciento, o incluso por debajo de cero.

En Colombia, por el contrario, se está dando una fuerte desaceleración pero con recrudecimiento de la inflación. Algo así como la antesala del peor de los escenarios definido en los textos de teoría económica como “estanflación”.

¿Por qué se está dando esta coyuntura tan poco deseable? Claramente la fuerte depreciación del peso colombiano, así como muchas otras monedas de la región, ha encarecido el costo de un gran número de productos de consumo provenientes del exterior, lo mismo que de gran cantidad de materias primas indispensables para los procesos productivos. Más temprano que tarde esto repercute en los precios de los bienes finales que conforman la canasta familiar.

Ante tanta ambigüedad e incertidumbre, los miembros de la Junta Directiva del Banco han optado  en sus últimas reuniones por la vía intermedia, o sea dejar las cosas quietas y no introducir cambios en ningún sentido. Esta actitud sin embargo, no es sostenible en el tiempo y muy pronto será inevitable tomar definiciones en uno u otro sentido.

 


 

La canciller colombiana ha salido a rechazar con particular vehemencia y acaloramiento las sanciones impuestas por los Estados Unidos al régimen despótico de Nicolás Maduro.

 

 

 

 

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Vicente Torrijos

Economista

Profesor de la Universidad del Rosario, Bogotá Colombia









 

 

El ardor de la Canciller resulta deconcertante e invita a reclamar tacto, prudencia y mesura, por varias razones.

Primero, porque el arrebatamiento no es buen acompañante de las funciones diplomáticas y, aunque estilos hay, unos son más eficaces que otros al momento de fortalecer ( u horadar ) los intereses nacionales.

Segundo, porque no se trata de un asunto que afecte a Colombia sino a una camarilla que se ha instalado en Miraflores para expropiar, perseguir, reprimir, encarcelar, oprimir, denostar, intimidar y solazarse. 

Pero, claro, cuando un gobierno se compenetra tanto con el absolutismo de la familia Castro, del Secretariado, de Diosdado y de Carondelet, llegando incluso a desarrollar negociaciones ( ¿ secretas ? ) con Ortega a despecho de la integridad territorial, tarde o temprano termina asimilando la conducta de tan execrables compañías.

Tercero, porque al salir en defensa de Maduro y su nomenclatura, la canciller se pone al servicio de una dictadura sin el menor rubor, alimentando así los apetitos de los socios del chavismo que, desde La Habana, acechan para asaltar la democracia colombiana valiéndose, precisamente, de la candidez que exhibe la Ministra, reflejo, en todo caso, del contagio que padece la Casa de Nariño.

Cuarto, porque lo peor que puede sucederle a un canciller es pensar con el deseo hasta el punto de sostener que “las sanciones de un país a otro no llevan a nada” cuando la historia diplomática está plagada de experiencias positivas contra el autoritarismo aunque, eso sí, las sanciones suelen fallar cuando los vecinos del redentor se ponen de su lado y lo arropan con su complicidad.

Y quinto, porque con cierto cinismo apela a la empalagosa semántica del "diálogo" directo entre Estados Unidos y Venezuela cuando, a juzgar por su propia conducta, lo que San Carlos entiende por diálogo no es más que dilación, encubrimiento y, sobre todo, legitimación de las prácticas totalitarias, todo ello a cambio de que antes de las elecciones de octubre los escuderos de las Farc le ayuden al Presidente a tener la firma de Timochenko en un papel. 


  

 

 

 

 

La inclusión de un grupo de militares activos para el equipo de negociaciones con las FARC, por parte del gobierno marca un nuevo rumbo en los diálogos.

                       

 

 

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Mauricio Jaramillo-Jassir

Politólogo

Profesor de la Universidad del Rosario y de la Escuela Superior de Guerra, en Bogotá Colombia

 





 

Con la decisión, el gobierno de Juan Manuel Santos comprueba, una vez más, que aunque el proceso de paz actual esté lleno de dificultades innegables y que incluso esa administración ha reconocido, se trata del gobierno colombiano que más ha avanzado en la historia de las negociaciones con esa guerrilla. 

La llegada de los altos oficiales, además, demostraría un avance en un tema clave en este proceso: la formalización definitiva del cese al fuego permanente por parte de la guerrilla, y el posterior desarme de la misma.  El gobierno no sólo gana en el tema porque avanza de manera concreta, sino porque convierte a los militares y policías en protagonistas del proceso. 

Es apenas justo que habiendo vivido la peor cara del conflicto, sean los militares actores de primera línea del tema. Esto probablemente para algunos ponga en tela de juicio la neutralidad de los militares respecto de la política. No obstante, es evidente que tal anhelo es imposible de concretar. Por más que se promulgue de esa forma, las Fuerzas Militares cumplen por su misma naturaleza una función política, pues defienden valores profundamente permeados por las ideologías.

A su vez,  el gobierno se adelanta a las críticas que sugerían divisiones en el seno de militares y policías. Otras versiones apuntaban a la falta de sintonía entre el pensamiento de la fuerza pública y la postura del General en retiro Jorge Enrique Mora Rangel, escogido por el gobierno como negociador. Más allá de esos rumores y de que sean infundados o no, lo cierto es que se abre un nuevo capítulo para las Fuerzas Militares, pues empiezan a trabajar en un terreno para el que se han preparado en los últimos años: la paz, y cada vez menos para la guerra.  

Finalmente, no deja de ser interesante el reconocimiento mutuo cada vez más expreso, y menos tácito entre guerrilleros y militares como rivales, y no tanto como enemigos. Este nuevo panorama probablemente significará el mayor desafío para la doctrina de seguridad colombiana, y se traducirá en un cambio paulatino del pensamiento estratégico militar y policial. Por ahora, el camino empieza con la participación cada vez más influyente de los militares en la negociación.

       

 

 

 

“La empresa colombiana de petróleo (ECOPETROL) deberá incrementar este año la exploración de nuevos yacimientos; de lo contrario tendrá que importar crudo mucho antes de lo previsto inicialmente desde mediados de esta década. La relación de éxito el año pasado, en las labores de exploración, fue de apenas el cincuenta y cinco por ciento para la petrolera estatal y del veinticinco por ciento para las asociadas.”

 

 

 

  

 

 

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Gonzalo Palau Rivas

Economista

Profesor de la Universidad del Rosario, Bogotá Colombia








 

Cualquiera que lea desprevenidamente este encabezado –debidamente entrecomillado- podrá pensar que es una seria advertencia sobre el futuro inmediato de la otrora joya de la corona y principal fuente de ingresos para el estado colombiano y tema de profunda reflexión para la baraja de candidatos propuestos para asumir, a la mayor brevedad posible, las riendas de la empresa.

La verdad es que el párrafo en cuestión está extractado de la edición de El Tiempo en su edición del sábado 14 del presente mes y corresponde a su vez, a la muy ilustrativa y pintoresca sección denominada “Hace 50 años”. Hecha la aclaración histórica, no está por demás hacer unos breves comentarios sobre la vigencia actual de esta vieja noticia. La abrupta caída de la acción en los mercados bursátiles (Bogotá y Nueva York), más que  a la estrepitosa caída del precio del barril,  obedece fundamentalmente a la misma perspectiva muy poco favorable que se reseñaba hace cincuenta años. El nivel actual de reservas probadas no va más allá de cuatro o cinco años. Un eventual retorno de los precios a US$100 dólares por barril poco o nada aliviaría las finanzas de ECOPETROL, dado que no hay mucho crudo por extraer y por consiguiente poco margen para atender la demanda externa al precio que sea. Es como tener progenitora pero ya fallecida.

Repitiendo la triste historia de hace diez lustros, el nivel reciente de éxito en materia de exploración ha sido muy bajo, a pesar de haber gozado de un período de bonanza en los precios y por consiguiente de unos excedentes de caja que han debido permitir resultados más que satisfactorios. Si la bonanza no permitió garantizar la sostenibilidad del negocio, ¿cómo se va a lograr este propósito, ahora en medio de la escasez y de las afugias? 

Alguien podrá argumentar que si ECOPETROL ya pasó por éstas y posteriormente disfrutó y gozó una transitoria pero importante bonanza, ¿para qué preocuparse? Respetuosos de la visión histórica del filósofo Maduro vigente en la región, exclamaríamos: “Dios proveerá y volverán las épocas de las vacas gordas”. Esperemos y confiemos más bien en que el candidato escogido por el “head hunter” para asumir la dirección de la empresa, sea plenamente consciente del tremendo reto que le espera y diseñe un plan estratégico que la convierta en una empresa verdaderamente eficiente y competitiva, además de impoluta e integérrima. 

Ahora bien, si el panorama  de la empresa más grande de la economía colombiana -cuya propiedad accionaria está repartida ochenta y nueve por ciento en poder del estado y once por ciento entre un número amplio de particulares- no es el más halagüeño posible, de características similares es la perspectiva para las finanzas públicas del  gobierno nacional.

Recordemos que hasta el año pasado y mientras duró la bonanza minera y especialmente la relacionada con la extracción y venta de petróleo y con precios internacionales por barril superiores a US$100, ECOPETROL transfirió al gobierno nacional a título de utilidades cada año una suma  muy cercana a los $10 billones (aprox US5.000 millones). Gracias a este apalancamiento el gobierno mantuvo una cierta holgura financiera en las disponibilidades de recursos para cumplir con los compromisos adquiridos a través de la ley de Gasto o Presupuesto Nacional y evitó tener que endeudarse más allá de lo que la ortodoxia recomienda.. La nueva realidad del negocio (precios internacionales cercanos a los US$50) golpea fuertemente  esta relativa abundancia y le genera al gobierno un serio problema para el cuadre de sus finanzas con respecto al actual 2015 pero especialmente para el 2016.

Fruto de esta situación ya se han producido dos efectos concretos: uno, el recorte de $6 billones en el presupuesto a ejecutar en el 2015 anunciado por el presidente Santos  -siendo el rubro más afectado la inversión pública- y la imperiosa necesidad de volver a diseñar una nueva reforma tributaria de carácter integral, que para infortunio de los contribuyentes se traducirá en nuevos impuestos o en incrementos en las tarifas de los ya existentes.

 


ENTREVISTA DE EL TIEMPO A LUCHO GARZÓN, ALCALDE ELECTO DE BOGOTÁ, D.C.

El alcalde electo de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, afirma que el Presidente es cortoplacista

Dice que está obsesionado por ganar la guerra. El futuro burgomaestre opina que no habrá ni insurrección ni rendición guerrillera.

El triunfo de Luis Eduardo Garzón en Bogotá, así como de otros candidatos de izquierda en Medellín, Cali y el Valle, subrayan cambios en la manera de pensar de los colombianos. Ellos eran inconcebibles incluso después de la Constitución del 91 y la desmovilización de grupos insurgentes como el M-19, aunque Pasto y otros municipios estuvieron gobernados por reinsertados como Antonio Navarro. Hasta la elección de octubre, nadie hubiera apostado a que un reconocido elemento de izquierda llegara a la magistratura de la capital. Eso ocurrió con Garzón, que lleva con orgullo el apellido de su madre, hacedor de su propio destino a quien, en dos horas de conversación, sentimos como si la segunda posición del país fuera algo que esperó siempre.

No será fácil su acercamiento a una élite excluyente en lo social e intolerante en lo político. Que debería entender que esta es la opción de una izquierda democrática, no identificada con la vía armada y que por tanto tiene no sólo oposición en el establecimiento sino también de los insurrectos. Dura tarea para Lucho, a quien tienta un gabinete pluralista, pero compuesto en su mayoría por profesionales de la Universidad Nacional.

¿Cómo percibe al presidente Uribe?

Tiene políticas de una hora. Exceptuando la estrategia de guerra, todo está dentro del cortoplacismo.

¿Cree que perdió gobernabilidad con el fracaso del referendo?

El referendo fue colocado como un plebiscito. Como el Presidente no lo ganó, es evidente que salió afectado. Las reacciones posteriores a esas dos jornadas así lo mostraron. Si era difícil saber cómo lo afectaba ese fracaso en términos políticos, es fácil saber cómo lo afectó en lo personal. Hay que reconocerle que el 25 y 26 de octubre constituyeron un proceso electoral y de opinión muy abierto y que mantiene un índice de popularidad importante.

¿Qué tema escogería para un referendo liderado por usted?

Primero que todo, un referendo nunca puede tener tantos ejes. Y en segundo lugar, de convocar algo, sería un plebiscito en Bogotá donde a la gente se le preguntara si quiere o no privatizar determinadas empresas.

¿Hacia dónde apuntan los cambios en el gabinete?

El Presidente tiene una obsesión: ganar la guerra. Y para eso necesita aliados incondicionales: los dueños del país. En función de eso, ha decidido no titubear en lo más mínimo. Por eso se ha jugado sus cartas más radicales con los empresarios como sus incondicionales. Hacia allá conduce gerenciar administrativamente los recursos para la guerra.

¿Se puede hablar de ganar la guerra?

Me mantengo en lo que dije en la campaña presidencial: no habrá insurrección porque considero que la guerrilla ni nacional ni internacionalmente cumple las condiciones para ello, pero tampoco habrá rendición. Ambas partes tendrán que volverse a sentar en algún momento para afrontar una negociación que sea creíble, confiable y posible. Si sigue esta lógica de los dos, el uno a rendir al otro y este a insurreccionarse, vamos a tener un país absolutamente inviable, una finca grande, pobre y salvaje.

¿Qué significan los cambios en la cúpula militar?

Hay que tener en cuenta tres elementos: uno, que la del militar es una cultura muy machista; los militares, sean de izquierda, derecha o centro, nunca aceptarán fácilmente a las mujeres; dos, es difícil que los militares actúen en consonancia con la sociedad civil; y tres, para que acepten todo eso, se requiere de un hombre de las características del nuevo Ministro, empresario de raca mandaca y al mismo tiempo alguien que no se les mete a los militares dentro de sus códigos y sólo estará allí para gestionar recursos y optimizarlos.

¿Tuvieron que ver con la renuncia de la Ministra problemas de contratación?

Por eso digo: se reafirma el control de la contratación. Ahora van a hacer todo lo posible porque esa contratación no afecte los códigos militares. Tocar el Fondo Rotatorio del Ejército es nada más y nada menos que afectar los ingresos de muchos egresados y ex militares. Eso tiene un efecto multiplicador en la moral de las propias fuerzas.

¿Tenía razón el Presidente cuando criticó a las ONG?

El Presidente tiene que garantizar el debido proceso. Cuando uno hace una afirmación, para bien o para mal, debe decirlo con nombre y apellido, pues si no corre el riesgo de quedar como cómplice e irresponsable. Fueron mensajes que se prestaron para que todo mundo especulara. No sé dentro de esas organizaciones cuántas son buenas y cuántas malas, pero lo cierto es que en esto el Presidente se equivocó al generalizar.

¿Les ve posibilidad de recuperación a los partidos tradicionales?

El país se va a regir en adelante por tres agendas: una, muy ligada al Presidente, muy inclinada a la derecha. Hay otro sector que se expresa alrededor de las Farc. Es lo que defino como el sector bolivariano, de corte estalinista. Y hay otra expresión entre un centroderecha y un centroizquierda, que de alguna manera lideramos algunos. Muchos sectores se van a subir aquí por efecto del modelo, por luchar contra la guerra y por influir en el terreno de la democracia, rechazando tanto el autoritarismo de derecha como el de izquierda. La política se va a mover entre estas dos vertientes más que en torno a los partidos. Pero no veo el desarrollo del país sin partidos. Lo que está pasando en el liberalismo es el conflicto entre dos tendencias económicas. La disyuntiva está planteada: o prevalece el pensamiento de Rudolf Hommes o el de Eduardo Sarmiento. Por otro lado, la Internacional Socialista no puede seguir siendo una agencia de viajes. Tiene que definir claramente su rumbo. ¿Cuáles fueron los factores fundamentales que contribuyeron a su triunfo? La gente le tiene miedo al unanimismo, sea de derecha o de izquierda. Los gobiernos autoritarios no funcionan. He mandado siempre un mensaje de conciliación. Mi campaña funcionó porque además de tratarse de un proyecto muy concreto, era colectivo. Con mensajes muy claros, frescos y precisos. A la gente no le gusta que desde el llamado Establecimiento se le impartan órdenes.

¿No será una especie de carga moral el apoyo de dirigentes muy controvertidos como Piedad Córdoba?

En esta última etapa me moví entre tres referentes: la izquierda del Polo Democrático, el grupo Visionario y el grupo liberal. No me han pedido nada hasta el momento, solamente me han comunicado su programa. No tengo ningún tipo de compromiso político en materia de gabinete. No me siento en absoluto ni hipotecado ni comprometido en términos burocráticos. Pero sobre todo no me queda difícil reconocer el papel que jugó en mi campaña ese sector del Partido Liberal.

¿Un guiño de alguien como Navarro, para nombrar a alguien, no habría que atenderlo?

Navarro es consciente de que su futuro depende de una buena alcaldía en Bogotá y no de un puesto. Él y otros saben demasiado bien que si me hipotecan, están trabajando para un absurdo corto plazo. Deben entender que tiene que haber mucha libertad para poder actuar. El futuro de ellos está dependiendo de lo que se haga en Bogotá. Amarrarme sería una especie de suicidio político.

Hablar de derecha, de izquierda, de centro, ¿no huele a ideología de viejo cuño?

Siempre que me preguntan qué entiendo por izquierda y qué por derecha, respondo que la izquierda es amar a los demás, la derecha amarse uno mismo. Hay muchos de izquierda que actúan como de derecha y viceversa. En cuanto a la relación con la sociedad, han sido dejados atrás los partidos únicos, las economías estatistas absolutas, las economías de mercado sin ningún control estatal, sobre todo en servicios públicos, salud y educación, tres elementos que, para mí, encierran el concepto de lo público.

Ha hablado extensamente de concertación, ¿pero esta palabra no compromete mucho?

Hay un sector empresarial que, así no haya votado por mí, existe y como tal hay que discutir con él políticas de empleo. También hay que dialogar con los transportadores en su conjunto. No se trata de una concertación que implique un consenso paralizante. Podemos gastarnos tres meses en negociaciones con todos los actores del transporte, pero al final hay que atenerse a la posición mayoritaria, porque si queremos el consenso, no vamos a gobernar nunca.

Y cuando habla de cohabitar, ¿no implica este verbo cierto deslinde de campos?

Es eso. Sin embargo, no gané el poder: aruño el poder, toco el poder, pero el poder lo tiene el Presidente. Más en un régimen presidencialista como este. Quisiera cambiar cosas de las leyes 100 y 142, pero conozco mis fronteras. La Policía Nacional es nacional, con una seccional en Bogotá. El Museo Nacional es nacional. Tengo claro que he ganado la alcaldía y seguiré en función de ganar poder. Pero sé hasta dónde puedo marcar diferencias. El Gobierno Nacional comprende también que hoy en el mundo son claves las ciudades, que pelean por su autonomía. De todos modos, hay que establecer unas reglas de juego claras que no permitan la ruptura.

¿A qué atribuye esta nueva tendencia latinoamericana a gobernantes de izquierda?

Derribado el Muro de Berlín, sólo quedó la economía de mercado abierto, de la cual la gente se ha desencantado, pues si a la izquierda le cabe la responsabilidad de la caída del muro de Berlín, a la derecha le concierne la de habérseles venido encima el muro de la pobreza. En este momento, en América Latina predominan las tendencias de izquierda. Pero una cosa es Evo Morales, otra Chávez y otra más Lula da Silva. Sin embargo, todos giran en torno a los cambios de un modelo de desarrollo que no tuvo éxito.

¿Qué opina de la posición de Vargas Lleras de conformar un bloque contra el Polo Democrático?

Es un boomerang. Si Vargas fuera consecuente, para hacerme oposición lo primero sería pedirle a su hermano que dejara la dirección de la Energía de Bogotá. En segundo lugar, no ha logrado unanimidad en este proyecto. Está en su derecho de hacer política sabiendo que las presidenciales de 2006 van a ser claves. Supone que utilizarme a mí de caballito de batalla le va a dar dividendos. Allá él con su lógica. Por lo que a mí respecta, tendrá todas las garantías.

¿A quiénes ve como candidatos para 2006-2010?

La lista es larga y variada. Veo a Peñalosa, Mockus, Navarro, Samuel Moreno, Serpa y Germán Vargas. De pronto una mujer: podrían ser Ingrid, Noemí o Piedad Córdoba.

¿No será que de pronto su llegada a la Alcaldía de Bogotá contribuye a la liberación de Íngrid?

He pedido permanentemente que regrese Íngrid. Ojalá las Farc entendieran que en nada les favorece estar en semejante nivel de aislamiento nacional e internacional y con hechos tan graves como mantener secuestradas no solamente a Íngrid sino a otras personas.

¿Su administración no cargará con la sombra de no darles la razón a los Echavarría Olózagas?

Con Echavarría mantendré la misma interlocución que con los demás bogotanos. No gobernaré sólo para los descoronados, sino también para los que tienen corona. Le he enviado mensajes para que esa guerra fría se acabe. Pienso que mi alcaldía tendrá enemigos en sectores de extrema izquierda y de extrema derecha. Es absolutamente normal porque al fin y al cabo a ambos les piso callos.

¿En qué medida en todo lo que haga o deje de hacer estará la preocupación de proteger el Polo Democrático hacia las elecciones de 2006-2010?

El Polo dependerá de una buena gestión en Bogotá, pero si me pongo a mirar qué va a pasar en el 2006, no actúo para nada en el 2004. No puedo estar en referendo de lo que pase mañana. Tengo que hacer las cosas con mucha seguridad y firmeza para lo que acontece hoy y tiene implicaciones mañana. No voy a estar ligado a la preocupación de un proyecto político, sino a la imagen de eficiencia, gobernabilidad y capacidad de gestión.

¿Será de izquierda su gabinete?

El gabinete tiene que tener tres componentes: uno, de centro izquierda; soy de izquierda y por eso tengo que enviar más mensajes al centro. Dos, nombraré personas que sepan, que no roben y sean capaces de hacer gestión.

¿Cómo detectar al que roba y qué medidas tomar?

No tendré lealtades de gabinete, no me voy a casar a largo plazo con los funcionarios que designe; todo mundo queda interino a la hora de ser nombrado. Porque si vemos problemas de corrupción, el funcionario tendrá que responder. Para cada entidad vamos a poner una veeduría. No se trata de un nuevo aparato burocrático, pero sí vamos a crear, aparte de lo existente, una especie de irrupción sorpresiva sobre papeles, órdenes, computadores. Aquí hay mucha contratación y no puedo darme el lujo de esperar el corte de cuentas para asumir los riesgos de tanta tentación, de tanta guaca.

¿Actuaría de idéntica manera que Mockus frente a una situación como los actos de terror en la zona rosa?

Antanas reaccionó muy bien frente al terror: resistencia civil, fortalecimiento de la inteligencia, apoyo a la fuerza pública. El alcalde es como el jefe de la casa que no puede salir jalándose las mechas, sino inspirar tranquilidad y seguridad. Los terroristas envían con sus actos diversos mensajes. Por eso es importante controlar la información, a fin de que no se produzca el efecto de pánico que buscan.

¿Habrá el canibalismo tradicional de izquierda?

Me gradué en confianza. Siempre he sido un referente para unificar. Por encima de mi ambición personal, está un proyecto colectivo. No soy mesiánico, ni me gustan los caudillos. Siempre he dicho que no me gusta jugar squash sino fútbol. Es mejor ser el número 10 que batir contra las paredes. La izquierda tiene que entender que la gente espera un proyecto alternativo. Si esta vez se juega con los mismos celos, las mismas ambiciones y la misma lógica de los partidos tradicionales, la frustración será mucho mayor. También tengo temor a ese canibalismo, pero aspiro a que la votación de octubre obligue a la gente a reflexionar que por encima de sus ambiciones está un proyecto colectivo.

En torno al Alca o a un tratado de libre comercio con E.U., ¿qué riesgos contempla?

No puede ser una política de apertura indiscriminada. Hay algunos productos que, como el maíz, tienen que garantizarse. Hay otros en los que uno no puede cerrar fronteras. No todo se resuelve a base de aranceles. Tiene que garantizarse la seguridad alimentaria, la producción nacional y el desarrollo del agro. Un Alca a imagen y semejanza de la actual economía de E.U., un hipermercado montado para que consumamos sus excedentes, me parece sumamente negativo. Si la economía de América Latina representa apenas el 5,5 del producto mundial (en esto sólo le ganamos a África), con este modelo de Alca vamos a sufrir un impacto profundamente lesivo. En cuanto al tratado de libre comercio, no comparto con el gobierno que solamente deba hacerse con E.U.

¿Recomendaría un modelo como el de Chile?

Es un modelo ideal pues toma en cuenta tres referentes: China, Europa y E.U. América Latina no es una correlación de fuerzas, sino una sumatoria de debilidades. Por eso nos toca unirnos. Solos, nos utilizan por un ratico, pero luego nos dejan tirados.

Por Enrique Posada Cano

 

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