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Saturday, 19 August 2017

Policía colombiana, a cuidados intensivos

Guillermo Pérez Flórez

Periodista y analista político

La credibilidad de la Policía Nacional está en su nivel más bajo. Los casos de corrupción que causaron el fuerte terremoto en la cúpula esta semana pueden ser de los más graves que tengamos noticia, pero a decir verdad ésta no es un hecho nuevo, es una lacra antigua, el principal motivo para que el presidente Uribe reintegrara al servicio activo al general Campo, al inicio de su mandato. Año y medio después la situación no sólo no ha mejorado sino que al contrario, se diría que está peor.

La policía es uno de los pilares de la seguridad en cualquier país. Se puede vivir sin ejército pero no sin policía. Aquí hemos permitido que la situación se pudra, pese a las innumerables señales que indican que las cosas no van bien; de vez en cuando la opinión se sobresalta, (como cuando violaron una niña en una estación de policía en Bogotá hace ya unos años) y plantea la necesidad de revisarla. Infortunadamente este no es un país serio, la vida nacional transcurre a golpe de titulares de prensa, todo se olvida rápido, y ningún gobierno ha querido meterle mano en serio al tema. Ahora puede pasar lo mismo, la semana entrante habremos olvidado porqué cayeron la cúpula de la Policía y su comandante en Medellín.

El Frente Nacional consolidó una doctrina nociva: que los militares no se metieran en política ni los civiles en asuntos militares; así, la seguridad y la defensa nacionales han sido manejadas por estos de manera casi exclusiva, al punto que durante más de treinta años el ministro de la defensa fue un militar. Y como aquí se militarizó la policía dicha doctrina se hizo extensiva a ella, a extremo tal que legalmente no es posible nombrar a un civil como su director, lo que ha contribuido a volverla un cuerpo casi inexpugnable, una especie de para-estado dentro del Estado mismo.

Recuerdo que por los días gloriosos del general Serrano, ¿el mejor del mundo? según los más influyentes medios de comunicación, se nos dijo que la Policía estaba saneada. Pero una simple mirada a archivos periodísticos y judiciales basta para ver en cuántos casos de corrupción, violación de derechos humanos, narcotráfico, connivencia con grupos paramilitares, secuestro, extorsión y asalto a residencias están vinculados policías y ex policías. Aberrante. Algo moral y políticamente intolerable, pero la dirigencia aún está imbuida por la mentalidad de guerra fría que invita a exculpar todos los pecados con tal de combatir al ?enemigo comunista?, y, en forma absurda, mira para otro lado y así no se gana guerra alguna.

¿Hay gente decente, transparente y con criterio patriótico dentro de la Policía? Sí, enfáticamente. Y es la inmensa mayoría, a Dios gracias. Pero ello no es óbice para debatir sobre su reestructuración. Comenzando por que vuelva a ser dirigida por un civil, (como en casi todo el mundo) y por examinar su férreo y absurdo carácter centralista, el cual ha hecho agua, pues es incapaz de responder eficientemente a los desafíos de la seguridad. Igualmente se debe discutir si conviene tener una policía multiforme, sectorialmente omnipresente, actualmente está en todo, en la lucha contra la subversión, contra las drogas, contra el contrabando, contra el crimen organizado, dirige el tránsito, campañas cívicas cuida bosques, etcétera, pero, vaya paradoja, hay pueblos sin ella y casi ha desaparecido el policía de barrio, lo que ha catapultado la seguridad privada, uno de los pocos negocios que ha crecido. Ya quisiéramos para la industria o la agricultura desarrollos similares.
Vean para lo que han servido el Plan Colombia, y en general la lucha antidroga, para corromper más aún a la Policía Nacional. Flaco servicio. Una pregunta final: ¿Vale la pena apropiar más presupuesto y pagar mayores impuestos para seguridad dentro de un esquema absurdo, incompetente y corrupto como el actual?{jcomments off}

 
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