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Friday, 20 October 2017

Los militares y la paz en Colombia

  

 

 

 

 

La inclusión de un grupo de militares activos para el equipo de negociaciones con las FARC, por parte del gobierno marca un nuevo rumbo en los diálogos.

                       

 

 

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Mauricio Jaramillo-Jassir

Politólogo

Profesor de la Universidad del Rosario y de la Escuela Superior de Guerra, en Bogotá Colombia

 





 

Con la decisión, el gobierno de Juan Manuel Santos comprueba, una vez más, que aunque el proceso de paz actual esté lleno de dificultades innegables y que incluso esa administración ha reconocido, se trata del gobierno colombiano que más ha avanzado en la historia de las negociaciones con esa guerrilla. 

La llegada de los altos oficiales, además, demostraría un avance en un tema clave en este proceso: la formalización definitiva del cese al fuego permanente por parte de la guerrilla, y el posterior desarme de la misma.  El gobierno no sólo gana en el tema porque avanza de manera concreta, sino porque convierte a los militares y policías en protagonistas del proceso. 

Es apenas justo que habiendo vivido la peor cara del conflicto, sean los militares actores de primera línea del tema. Esto probablemente para algunos ponga en tela de juicio la neutralidad de los militares respecto de la política. No obstante, es evidente que tal anhelo es imposible de concretar. Por más que se promulgue de esa forma, las Fuerzas Militares cumplen por su misma naturaleza una función política, pues defienden valores profundamente permeados por las ideologías.

A su vez,  el gobierno se adelanta a las críticas que sugerían divisiones en el seno de militares y policías. Otras versiones apuntaban a la falta de sintonía entre el pensamiento de la fuerza pública y la postura del General en retiro Jorge Enrique Mora Rangel, escogido por el gobierno como negociador. Más allá de esos rumores y de que sean infundados o no, lo cierto es que se abre un nuevo capítulo para las Fuerzas Militares, pues empiezan a trabajar en un terreno para el que se han preparado en los últimos años: la paz, y cada vez menos para la guerra.  

Finalmente, no deja de ser interesante el reconocimiento mutuo cada vez más expreso, y menos tácito entre guerrilleros y militares como rivales, y no tanto como enemigos. Este nuevo panorama probablemente significará el mayor desafío para la doctrina de seguridad colombiana, y se traducirá en un cambio paulatino del pensamiento estratégico militar y policial. Por ahora, el camino empieza con la participación cada vez más influyente de los militares en la negociación.

 
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